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viernes, 4 de febrero de 2011

UN SILLON EN MI JARDIN

El sillón de barbero lo encontré hace mucho tiempo. No recuerdo con exactitud cuando. Si me acuerdo que estaba de paseo con mi amigo Alfredo (en lo sucesivo de este blog Gigante o Pequeño) y Felipe (Pipe o Pipin, mi compañero de vida) en Limache. Almorzamos en el club Alemán (creo), cuando regresábamos a Valparaíso, hicimos una parada por Villa Alemana y de repente divicé en un estacionamiento techado de una casa antigua, algo que debajo de varios cachureos parecía ser un sillón. No me equivoqué.



Necesitaba tenerlo, la verdad es que mi ansiedad por los objetos y muebles tiene cada vez menos límites. Se transforman en objeto de deseo. Puedo estar media rayada para algunos, como no tengo solución a estas alturas no me preocupa.
Después de insistir, no fue fácil, dos días de negociaciones con el dueño, llegó a mi taller, era solo para mí.
Resulta, que todos los muebles que compro en un principio son solo para mí, con los días, a veces con los meses, comienza el desprendimiento, los vendo y no los extraño.

Con el sillón de barbero me paso algo distinto, restaurarlo y que quedara tal cual lo imaginaba, hizo que creara un vínculo más intenso. A tal punto, que ocupo el lugar principal dentro del Bazar la Pasión: El Patio de Luz. El lugar donde están mis plantitas, mi tina, dónde todo crece y tiene vida. Nadie tenía permiso para sentarse solo yo, era el trono y yo la reina. (Hice algunas concesiones) Leí muchos libros, en voz alta, sin voz. Muchos quisieron comprarlo, puse todo tipo de problemas hasta que desistían. El 31 de diciembre del año que acaba de desaparecer, entró a la tienda el familión completo, los tuyos, los míos, los nuestros y el flechazo fue inmediato. Mi trono y mi reino tambalearon, no pude negarme. Era su destino, pensé que tenía que desprenderme, que estaba restaurado para esa nueva familia, para que se sentaran y jugaran con él cada vez que quisieran, tirarse hacía atrás, estirar los pies, y volver, tirarse hacía atrás, estirar los pies, y volver y así sucesivamente. Eso mismo hice, me tiré hacía atrás, estiré los pies y volví, me paré del sillón y lo entregué.

Con los días estuve a punto de arrepentirme, llamarlos devolverles la plata y volver a ponerlo en su lugar. Pero me contengo y digo que tengo que renovar, que si me dedico a esto, tengo que dejar a las personas ser parte de mis descubrimientos. Por lo pronto el Patio de Luz, o sea, mi jardín se ve un poco piluchito, pero en cualquier minuto aparece un nuevo objeto de deseo que me enloquezca por algún tiempo.

2 comentarios:

Carmen Eva dijo...

jajajja, seguro que si, hoy nada más te vi con un montón de muebles u "objetos preciados", como se llaman en mi bello reino..;)

Ariel Aguayo catalán dijo...

Hola , ¿aun tiene el sillón?

¿Me lo vendería para poder trabajar con el? estoy a punto de trasladarme a vivir a Chile desde España y necesito un sillón clásico.

Le adjunto Mi correo por si quisiera contestarme : arielsong07@hotmail.com

saludos cordiales.

Ariel.